El presidente de China, Xi Jinping, mostró una fuerte cercanía con Vladimir Putin durante su visita a Moscú para conmemorar la derrota del nazismo. Se hablaron de “amistad de acero” y hasta desfilaron juntos. Sin embargo, la relación es más estrategia que cariño real.
Aunque China y Rusia comparten intereses y una postura contra EE.UU., Xi camina con cuidado: no quiere alejar a Europa, con quien busca fortalecer relaciones para hacerle frente a las tensiones con EE.UU. Apoyar demasiado a Putin —quien es visto como un paria por su invasión a Ucrania— podría costarle mucho.
Putin necesita más a Xi que al revés. Rusia, debilitada por la guerra y las sanciones, depende de China para sobrevivir económicamente. China es la potencia fuerte de esta relación y Xi lo sabe.

En resumen:
China apoya a Rusia, pero no tanto como para quemar puentes con Europa o empeorar su guerra comercial con EE.UU.
Son “amigos”… con límites.





